VIDAS EN LAS DIFERENCIAS
por Dr. Agustín Millares Cantero
Las personas nacidas por aquí en el primer tercio del siglo XX, aquellas que alcanzaron una edad provecta, vivieron en islas de caracteres muy dispares sin salir de la originaria, tanto que pocas veces en la historia tuvieron lugar mutaciones de semejante calibre en tan corto intervalo. El contexto de su infancia, adolescencia, juventud y primera madurez, varió de forma sustancial en el ecuador o los tramos finales de las existencias respectivas. Si hubo fenómenos que permanecieron inalterables, la mayoría de ellos se insertaron en realidades muy distintas a las que habían conocido anteriormente. Un simple balance entre las dos circunstancias parecería situarnos ante mundos opuestos y de encaje imposible. Detrás de las rupturas, por amplias que sean, nos encontramos a menudo con signos de continuidad que nos remiten a elementos permanentes en lo hondo de las formaciones sociales.
36%
En el período intercensal 1920-1930, tuvo Gran Canaria la mayor tasa de incremento anual acumulativo en la región y su capital, la primera entre las urbes, alcanzó en el último año los 78.264 habitantes y concentró el 36% de los 216.853 correspondientes a su territorio.
Al mediar los “felices veinte” de la pasada centuria, la isla de Gran Canaria había dejado atrás la profunda crisis económica que desató la Gran Guerra (1914-1918), origen de otra de las masivas emigraciones hacia las repúblicas hispanoamericanas. No perdiendo las vinculaciones con Europa, fundamentalmente a través de Gran Bretaña, el Archipiélago incrementó los nexos con la España peninsular y entró en una breve fase de bonanza, pronto interrumpida por la Gran Depresión inmediata al crack de 1929. Todas las contradicciones del llamado “crecimiento económico moderno” en la era de las Canary Islands, revelaron otra vez las fragilidades de nuestra economía agroexportadora de plátanos, tomates y papas y la dependencia del tráfico portuaria frente a las coyunturas internacionales. El proceso de modernización limitada emprendido durante la Restauración, fue superando lentamente las pautas del modelo demográfico antiguo e impulsando un notable ensanchamiento poblacional y el desarrollo de las urbanizaciones. En el período intercensal 1920-1930, tuvo Gran Canaria la mayor tasa de incremento anual acumulativo en la región y su capital, la primera entre las urbes, alcanzó en el último año los 78.264 habitantes y concentró el 36% de los 216.853 correspondientes a su territorio.
55%
Hasta un 55% de los activos insulares permanecían ligados al subsector Agricultura en 1930.
La sociedad era todavía eminentemente agraria y conservaba algunos rasgos propios del Antiguo Régimen, pese a la expansión de las relaciones capitalistas en las ciudades y los campos, el florecimiento de los organismos empresariales y de los sindicatos obreros en las áreas de superior densidad y el apunte de marcos institucionales de naturaleza corporatista, por medio de un mayor intervencionismo de los aparatos estatales. Hasta un 55% de los activos insulares permanecían ligados al subsector Agricultura en 1930. Sobrevivían las viejas estructuras de los poderes caciquiles en torno a la gran propiedad territorial y un alto índice de analfabetismo afectaba sobre todo a los núcleos del campesinado, siendo iletrados casi la mitad de los isleños por entonces. Ni siquiera la Segunda República alteró los modos de dominación tradicionales articulados sobre la semifeudalidad del caciquismo histórico. El trabajo asalariado del capitalismo se integraba con la medianería-aparcería de atributos feudales, tanto en la agricultura de exportación como en la de autoconsumo y abastecimiento del mercado interno.
Los reducidos niveles de participación ciudadana en la vida pública, más allá de los fraudes electorales comunes, vinieron determinados por las claves del sistema canovista y las debilidades de las opciones republicanas, entre otros factores. Uno de los epicentros de la política insular, trazado sobre las bregas grancanarias en favor de la descentralización administrativa, no perdió impulso al implantarse los Cabildos por la Ley de julio de 1912 y sólo remitió gracias a la división provincial de septiembre de 1927, concesión de la Dictadura de Primo de Rivera que retrasó hasta última hora las apuestas de los estatutos de autonomía bajo el paréntesis republicano. En un entorno intelectual reducido fundamentalmente a la burguesía ilustrada, la incorporación isleña a la Edad de Plata de la cultura española aportó notables expresiones vanguardistas alrededor de las formulaciones del modernismo, la plástica indigenista, el racionalismo arquitectónico o el movimiento surrealista en las dos capitalidades provinciales.
1964
73.140
1991
5.409.011
Los 73.140 turistas que visitaron el Archipiélago en 1960 pasaron a los 5.409.011 de 1991.
La sublevación antidemocrática de julio de 1936 impuso en las Islas una etapa de excepcionalidad histórica que se prolongó más allá del Plan Nacional de Estabilización Económica de 1959. A lo largo de la Guerra Civil, luego de la represión contra las izquierdas, sirvieron de retaguardia militarizada para el bando sublevado y la Segunda Guerra Mundial aportó para ellas mayores impactos negativos en una dinámica de estrecheces y penurias. El militarismo singularizó institucionalmente la economía de posguerra hasta 1946, practicándose el intervencionismo castrense de facto por la Comandancia Militar de Canarias y de iure por el Mando Económico desde 1941. Vetada la estrategia de la autarquía oficial por estas latitudes, sus mecanismos fueron edulcorados al adoptar matices diferenciadores. Ciertas figuras tributarias alteraron las franquicias, pero el modelo de 1852-1870-1900 no resultó derogado. Sí finiquitó el predominio extranjero en las producciones y comercializaciones hortofrutícolas, bien por la idiosincrasia ultranacionalista del nuevo régimen o por el malestar de las compañías ante los excesivos controles. Desabastecimiento, racionamiento y miseria abrieron nuevamente la espita de la emigración americana, dirigida hacia Venezuela en particular.
17,5%
2,9%
Señalemos que el analfabetismo alcanzaba en 1960 a un 17,5% de la población canaria y en 1991 se había reducido al 2,9%
El Plan de Estabilización hizo posible el reencuentro de Canarias con sus habituales paradigmas liberalizadores al amanecer la década de los sesenta. Al retroceso sin parangones del primer franquismo iba a seguir la fase de más intensas y rápidas transformaciones jamás conocida. La base agrícola abandonó la preeminencia secular ante la apoteosis de una economía de servicios fundamentada en el binomio turismo-construcción. Los 73.140 turistas que visitaron el Archipiélago en 1960 pasaron a los 5.409.011 de 1991. Un auténtico terremoto se produjo en la distribución de la población activa durante esos 32 años, mediante el trasvase del sector primario al terciario. Conservándose estable el secundario de la industria y la construcción en un 21%, la agricultura y la pesca descendieron del 43,5% al 7,3%, mientras los servicios escalaban del 35,5% al 71,4%. Las actividades motoras del “modelo terciario”, sujetas a ciclos de expansión y recesión, poseyeron sus enlaces fundamentales con el extranjero y reportaron una macrocefalia urbana y la destrucción de parajes naturales. Imperaron ahora plenamente las relaciones de producción de índole capitalista y esta región atlántica se mostró de nuevo muy sensible a los estímulos exteriores; la evolución de las tasas de asalariados en la provincia de Las Palmas, por ejemplo, subió del 55,6% de 1955 al 75,2% de 1981. Canarias duplicó con holgura sus habitantes de 1940 a 1975 y en Gran Canaria, la isla más habitada, su capital retuvo la primacía entre las metrópolis insulares con sus casi 350.000 moradores. Hasta cerca de un 49% del total regional se remontaba en 1987 la oferta grancanaria de plazas de alojamiento turístico.
2,9%
El porcentaje de los estudiantes universitarios apenas representada un 0,2% de la misma en 1967 y en 1991 llegó al 2,9%.
La progresiva disolución de la sociedad tradicional dio paso a otra del bienestar no exenta de múltiples desequilibrios internos, en una secuencia que pudo entronizarse al término de la Dictadura de Franco y robustecerse en los años ochenta. Por citar algunos indicadores que revelan la magnitud de los cambios operados, señalemos que el analfabetismo alcanzaba en 1960 a un 17,5% de la población canaria y en 1991 se había reducido al 2,9%. El porcentaje de los estudiantes universitarios apenas representada un 0,2% de la misma en 1967 y en 1991 llegó al 2,9%. Los censos poblacionales exhibían ya en los albores del siglo XXI la configuración globular propia de la demografía moderna, dejando atrás las pirámides de edades típicas de la arcaica. En las infraestructuras se realizaron avances significativos ante todo al sobrevenir la democracia, con financiación estatal o europea. De ser tierra de emigrantes, las Islas se convirtieron en receptoras de una inmigración variopinta extranjera y española, esencialmente oriunda de la Europa comunitaria y de países latinoamericanos. Algo que no varió fueron las desigualdades sociales, en medio de parcelas subdesarrolladas y de un paro laboral sistémico que en 1980 entrañaba un 15% de los activos. El 5% de los hogares más ricos detentaba en 1964-1965 el 19% de la renta per cápita; en 1991, el 15,4% de aquéllos acaparaba el 25% de ésta. La distribución social de los canarios en 1996 preservó más del 51% para las clases media-baja y baja.
Los recuerdos de muchos insulares, implantados en la memoria fotográfica, dan testimonio de las profundas innovaciones verificadas en el último medio siglo. La extraordinaria aceleración del tiempo histórico, en rápida síntesis político-institucional, significó el tránsito de la defensa del hecho diferencial canario frente al Régimen Económico y Fiscal de julio de 1972, a los esbozos de las formulaciones autonomistas consagradas en el ejercicio del autogobierno desde 1983, y el largo y penoso camino hacia la integración en la Unión Europea como región ultraperiférica. Poco es igual a lo que fue en un ayer relativamente próximo, si bien abundan los retos de cara a la consolidación y ampliación de los avances y las rupturas distan en ocasiones de ser tan fuertes. Sólo unas minorías se enfrentaron al franquismo entre nosotros y los mayores niveles de participación política y social que trajo consigo la Transición democrática, no alteraron la despolitización e indiferencia de amplios segmentos. El adelanto y visibilidad del protagonismo de las mujeres encierra aún notables discriminaciones y la superación del atraso cultural, junto a la emergencia de nuevas vanguardias literarias y artísticas, ofrece todavía grandes lagunas en la sociedad del conocimiento, iguales a las que presentan los servicios sociales del estado del bienestar. Siguen enquistados los conflictos adyacentes derivados de la traición al pueblo saharaui y periódicamente resurgen las tensiones en la comunidad autónoma por los añejos tributos del problema canario. A las generaciones futuras corresponde solventar estas y otras cuestiones en un entorno muy disparejo al de sus antecesores. Que la fortuna esté de su lado.
Agradecemos al doctor Agustín Millares Cantero su participación en esta producción digital.
Agustín Millares no dudó en aceptar nuestra solicitud de redactar el contexto económico, social y cultural de la isla de Gran Canaria en los últimos cien años para incorporarla a la biografía de Carlos Guillermo Domínguez Hernández.
Agustín es más que un reconocido historiador, una persona comprometida e integra, un sabio, es también un viejo amigo al que nos une el cariño y la admiración.
Con gran maestría, Agustín es capaz de sintetizar en pocas palabras cien años de la historia de la isla.
Su estudio nos proporciona una visión clara e ilustrativa de la Gran Canaria de principios del siglo XX y de su evolución a lo largo de las últimas décadas.
Desde estas líneas queremos agradecer su talante, el tiempo dedicado y su valiosa aportación.
Mercedes Domínguez Presidenta de la FCCGDH